«Hay que amar la diferencia, porque es lo que nos hace únicos»

Hay que amar la diferencia


Me llamó la atención este titular que leí hace unos días en el ABC de España; porque aborda un tema en el que somos analfabetas; por herencia cultural, combatimos las diferencias y exigimos igualdad, ignorando que no existen dos personas que siempre piensen igual. Cuando siempre piensan lo mismo, una de las dos no está siendo sincera; está sometiéndose por alguna razón: jerarquía, intereses, autoestima… a la otra persona. Cierto que nuestra historia de exclusión y autoritarismo, construyó una cultura de sumisión; la frase “si no estás conmigo, sos mi enemigo” ha sido aplicada por mucho tiempo y ha marcado la conducta del débil. Contradecir al padre, jefe o político de turno, era inaceptable.

Cuando niños, obedecíamos a nuestros padres; en la escuela, al profesor y en el trabajo, al jefe. De pronto nos toca tomar decisiones, algo que nunca antes hicimos. Lógico es que nos equivocamos; pero el error no es permisible se nos dice y caemos en otra imposición. Luchamos por ser perfectos y eso debilita más nuestra autoestima, pues nunca se logra; la perfección humana es una utopía que solo desaparece cuando uno muere. Entonces si eres perfecto para los demás. Mientras vivas, nunca serás perfecto en todo y para todos.

¿Habrán cambiado los tiempos? Es cierto que las nuevas generaciones han venido destruyendo mitos y paradigmas; favorecidos por padres, que impulsados por sus experiencias frustrantes, han brindado a sus hijos oportunidades nunca antes aceptadas para: disentir; participar en toma de decisiones familiares; oponerse a las injusticias y romper el status quo en que a ellos les tocó vivir. Una nueva Brecha Generacional surge; hicimos hijos perfectos, que creen serlo y no aceptan que no lo son.

Por otro lado, el Cambio exponencial vivido por la humanidad en el último siglo, ha modificado la forma de vida; algunos piensan que ha elevado la comodidad de la gente, pero ha reducido la calidad de vida. El Cambio genera además, mayores y distintas frustraciones en las personas; no nos preparamos para solucionar tanto problema que produce el cambio y nos desintegramos. Personas, familias, empresas y países se han desintegrado al no poder manejar el Cambio. Por otro lado, el fast food; el fast love, la falta de tiempo… han creado la cultura del desechable, que ha invadido hasta las relaciones interpersonales. Al joven de hoy, no le queda tiempo para pensar, solo para hacer; se está mecanizando cual robot y es fácilmente manipulable por las tecnologías y las exigencias corporativas. Es doloroso ver a jóvenes con infarto a los treinta años y suicidándose, por no soportar tanto problema a la vez.

¿Solución? Debemos romper tanto paradigma desfasado que mantenemos. Unir esfuerzos es la única forma de subsistir en la nueva jungla. Reconocer que individualmente somos débiles y unidos somos fuertes. Aprender que en un sistema cerrado, sus componentes son interdependientes y si uno es excluido, el sistema falla. Nuestro país es un sistema y hay que verlo como tal.

También hay que aceptar que los “ismos” destruyen: individualismo; egoísmo; autoritarismo… y que el complemento de nuestras fortalezas diferentes, garantiza el éxito; caso contrario todos perdemos. Se debe reconocer también, que eliminar a la otra parte es imposible y nada resuelve, solo nos debilita y que el contrapeso de los opuestos, motiva el desarrollo. El país podrá resurgir, si aprendemos a complementarnos y a desechar acciones para eliminar al otro. “Muerto el perro, se acaba la rabia” todavía piensan algunos; un absurdo en estos tiempos, que fue una práctica normal en el pasado.

La inteligencia humana logro en otros países, que fuerzas opuestas aprendieran a vivir juntas; complementando sus fortalezas, para reducir sus debilidades y hoy son únicos. Modificando un poco el titular diría:

«Hay que amar la diferencia, porque es lo único que nos hace únicos»



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